13 de febrero de 2011

Noticia de la revolución islámica original.


Las revueltas que están sacudiendo el mundo islámico y que no debemos perder de vista que ya tuvieron un preludio en Irán el pasado año, son el reflejo de un sistema en crisis que como la propia palabra indica, va a implicar un periodo de cambios. Recientemente Túnez y ahora Egipto han visto como las dificultades económicas han prendido la mecha, ¿pero hasta dónde puede llegar?


Quizás para obtener alguna clave sobre lo que puede estar sucediendo ante nuestros sorprendidos ojos mediáticos, vamos a ponernos la escafandra y a bucear en una de las más recónditas cuevas submarinas de nuestra desmemoria histórica.
Nos zambulliremos, en busca de paralelos históricos, en aguas del Mediterráneo, sumergiéndonos hasta las profundidades de los siglos VI a VIII, en busca de los atribulados tiempos, ya por todos olvidados, en los que el Imperio Bizantino se vio enfrentado a su primera gran crisis, quizás el mayor desafío que a punto estuvo de acabar con su existencia y borrarlo prematuramente de la faz Historia.
Sabemos muy bien que desde el siglo I a. C. los romanos consiguieron unificar en un Imperio que duraría aún casi cinco siglos, todas las orillas del Mare Nostrum. Tierra adentro, todos aquellos pueblos y culturas con el suficiente desarrollo económico para que valiera la pena explotarlos e integrarlos, se vieron forzados a formar parte de un Estado que perduraría hasta que los desafíos externos (el Imperio Persa, los bárbaros…) lograron su descomposición interna en Occidente.
Lo que ya no sabemos tan bien es cómo hacia el siglo VI el Imperio Bizantino, vigoroso continuador del Imperio Romano en Oriente, que recién había podido recuperar en un último esfuerzo una pequeña porción de las costas occidentales en Italia, Hispania y en el Norte de África, repentinamente en el transcurso del siglo siguiente, perdería no sólo estos territorios sino que quedaría reducido a unas menguadas fronteras en Grecia y Anatolia alrededor de su inexpugnable capital, Constantinopla.
Como consecuencia, también hubo de transformar sus estructuras políticas y sociales para adaptarlas a las de un estado militarista, convirtiéndose en un Imperio encastillado, cercado y a la defensiva, características estas que aún definen la Turquía de nuestros días muchos siglos después.


Al mismo tiempo peor destino sufrió su eterno rival, el Imperio Persa Sasánida, el otro Imperio civilizado, con el que mantenía una inestable frontera en permanente estado de guerra y que fue liquidado en el 651 d.C.
Bizancio sin embargo y gracias al milagroso fuego griego pudo sobrevivir, aunque se vio mutilado de sus provincias más prósperas: las costas del Magreb (que incluyen el Túnez actual), Palestina, Siria y sobre todo Egipto, granero del Imperio y su principal fuente de tributos, que ya nunca más recuperó.


¿Cómo se llegó a esta situación? ¿Cómo perdió el Imperio Bizantino el control sobre el Magreb y Egipto, precisamente los territorios donde ahora han surgido las revueltas populares que tanto nos preocupan? ¿Por qué cayó el Imperio Persa?
Por lo general se explica que una nueva religión, el Islam, surgida de las profundidades de los desiertos de la Península Arábiga había desatado su furia proselitista, arrebatándole a Bizancio en los primeros embates, Egipto, Palestina y gran parte de Siria, que eran precisamente sus provincias más desarrolladas y productivas.
Tal sería el empuje de estos beduinos del despoblado y falto de recursos desierto de Arabia, que en breve hicieron también caer el poderoso Imperio Persa, para extenderse luego fulgurantes hacia la India por el Este y hacia la Península Ibérica por el Oeste, forzando las puertas de Europa.
Pero puede que esta sea una explicación demasiado simplista. Geografía y demografía mandan, ¿o no?. Sencillamente se trataría de un escenario bélico demasiado extenso para ser cabalgado por una reducida horda de beduinos, eso si excluimos a priori, claro, la muy necesaria ayuda divina en este caso.


Sin embargo, cabe decir que tanto el Imperio Persa como el propio Imperio Bizantino, pasaban desde el siglo VI un prolongado periodo de crisis política, económica y social, reflejada en múltiples disturbios y luchas religiosas. También sufrieron pavorosas epidemias. Se hallaban debilitados y exhaustos tras muchos enfrentamientos. Las guerras significan destrucciones y onerosas cargas impositivas para la población y generan un gran descontento y fractura social.
Ambos Estados tenían en común el estar rodeados por belicosos pueblos nómadas que periódicamente asediaban sus fronteras. Los árabes ahora recién islamizados tan solo eran uno más de una larga lista, que en el sentido de las agujas del reloj comprendía a eslavos, ávaros, búlgaros, hunos heftalitas, kházaros, turcos,… Hay que añadir en el oeste por África, las diversas tribus bereberes de las montañas del Magreb que se acabarían imponiendo sobre las antaño prósperas comunidades costeras, cercadas por el avance del desierto y la sequía, y que ya habrían sido abandonadas a su suerte con anterioridad a la irrupción islámica.


Como es bien sabido desde la más remota antigüedad, los Imperios de las zonas civilizadas del planeta sólo estarían en condiciones de ser derrotados por los bárbaros que los circundan en el caso de que existiera una crisis interna que minara su resistencia y cohesión.
Diversos autores refieren para ese periodo una persistente crisis climática y de subsistencia en el entorno del Mediterráneo, sequías, hambrunas, epidemias y la consiguiente inestabilidad social y política serían el marco de referencia.
Esta situación estaría en el origen de la caída del Reino Visigodo hacia 711 d. C. y su subsiguiente islamización (quizás no tan temprana ni tan "islámica" como se piensa), pero también en los cambios políticos, sociales y religiosos que se produjeron así mismo y con anterioridad en el Magreb, Egipto, Oriente Medio y Persia.


Por otro lado, no hay que olvidar que la Península Arábica recibió fuertes influencias de las múltiples corrientes heterodoxas cristianas y también judías (monofisitas, nestorianos, jacobitas, etc.…) que originarían la nueva religión, el Islam, que precisamente se iría a imponer en aquellas zonas del Imperio Bizantino donde más fuerte era la disensión religiosa con la ortodoxia que la capital, Constantinopla trataba de imponer y de dónde había partido inicialmente los predicadores que había puesto los cimientos de la nueva fe. ¿Hablaríamos pues de un cambio de régimen más que de una verdadera invasión?


Está claro que por muy lejanas que nos parezcan y por muy al margen y protegidos que nos sintamos desde nuestro dique europeo, debemos mirar con atención estas revueltas que están sucediendo ahora, fruto también de crisis de subsistencia (sequía, paro endémico, pobreza generalizada, alza del precio de los alimentos) que pueden acabar provocando cambios políticos de consecuencias incalculables.
No debemos olvidar el pasado, porque la onda de lo que empezó a fraguarse en el siglo VI en la otra orilla acabó llegando en el siglo VIII a la nuestra.


Bueno, ¡cuánto tiempo! al menos por esta vez, ¡estamos de vuelta!






Para saber más (y mejor):
*http://en.wikipedia.org/wiki/Decline_of_the_Byzantine_Empire
*http://www.monografias.com/trabajos10/temario/temario.shtml
*http://es.wikipedia.org/wiki/Imperio_sas%C3%A1nida
*Ignacio Olagüe, La revolución islámica en Occidente.
*http://historia-por.blogspot.com/search/label/Bizancio



Quizás le interese leer también en este blog:
"Golfus" de Roma: los publicanos y las crisis alimentarias, Sobre los principales causantes de las periódicas crisis de subsistencia que azotan el planeta.
*http://historia-por.blogspot.com/2008/06/golfus-de-roma-los-publicanos-y-las.html

3 comentarios:

Liou dijo...

Interesante...

C.G. Aparicio dijo...

Buena y breve recopilación de la problemática de esta zona que siempre ha sido muy conflictiva. Un interesante recorrido por la Historia el que has trazado.

Un saludo!

Anónimo dijo...

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