La Historia de la Cultura, una historia de la Historia.
Con
la Historia tratamos de comprender el tiempo. Modernamente la
Historia recomenzó siendo una ciencia del tiempo congelado en los
documentos: en el siglo XIX las ratas de archivo dominaban la Ciencia
desempolvando legajos, traduciendo textos de los papiros, de las
estelas en piedra, nombres de metal en las monedas, reconstruyendo
así, la Historia Clásica de los grandes Imperios. Von Ranke,
Mommsen, Taine…
Pero
pronto estos gigantes que hicieron de la Historia una Ciencia,
acabaron con todos los Imperios clásicos, desde Mesopotamia, hasta
Roma y llegaron a las fronteras de los Tiempos Oscuros, a los
tiempos, de nuevo, sin documentos y los historiadores hubieran tenido
que quedarse mudos, sin nada que explicar, pues la Historia de los
pueblos dio comienzo con la escritura y por poco no se les termina,
en el intervalo que separa la Historia Antigua de la Edad Media.
Por
falta de documentos escritos, se volvió como en una maldición, a
los espacios y periodos sin Historia. Periodos sin tiempo.
Por
suerte mucho antes, los arqueólogos ya habían aprendido a leer no
solo en los textos sino también en los restos materiales antiguos.
Las ruinas de los palacios, las tumbas y hasta los vertederos ofrecen
indicios valiosos a partir de los cuales se puede deducir que ocurrió
y cómo ocurrió. Ya no sería necesario tenerlo por escrito para
saber: podría reconstruirse el pasado a partir de casi nada, a veces
del polvo, tan solo con que fuera algo que se pudiera tocar, pesar,
medir. Comparar. Los hechos podían deducirse y podrían conocerse
las sociedades ágrafas.
Conforme
la Historia avanzaba hacia el presente siguiendo la trayectoria de la
flecha del tiempo, tropezó con otra Ciencia, la Antropología, que
la puso de nuevo en una interesante tesitura: ¿Qué pasaba con
aquellos hechos de las sociedades humanas del pasado que no dejaban
restos materiales? Muchas de las manifestaciones culturales
imprescindibles para entender una sociedad presente o pasada no dejan
casi huellas evidentes en el registro arqueológico. Además son
manifestaciones de la cultura popular, más allá de la Cultura con
mayúsculas de la que ya se venían ocupando disciplinas como la
Historia del Arte.
La
Antropología, en cambio, la ciencia que estudia las sociedades
humanas del presente, tiene la oportunidad de observar todas estas
facetas de la cultura humana in situ. Reconociendo esta
necesidad de abrir el foco, hechos culturales como las tradiciones,
los miedos, la cultura popular y las mentalidades entraron a formar
parte también de los estudios históricos. Y nacieron campos nuevos
como la Historia de la Cultura, quedando así todos los fenómenos
históricos, sociales y culturales encuadrados dentro de la que se
denominó Historia total.
Tendemos
a creer que la cultura se transmite en una sola dirección. Que las
cosas vienen de un sitio donde surgen y sencillamente van a otro.
También que la cultura tiene fronteras. Y que los hechos culturales
son estáticos, que no se modifican, que no mutan, que no cambian a
lo largo del tiempo. Y es todo esto precisamente lo que nos despista:
el espacio y sobre todo el tiempo, como una variable que no podemos
abarcar.
Un
buen ejemplo de cómo se transmite la Cultura a lo largo del espacio
y el tiempo lo tenemos en un fenómeno cultural a priori tan
excéntrico como pueden ser las artes marciales. Que como su propio
nombre indica, también son Artes.
PRÓXIMAMENTE:
*La clave de Okinawa. El kárate y los misterios de la transmisión cultural: un viaje de ida y vuelta.
*Las lejanas raíces griegas del kárate.
*La verdadera destreza. La aportación española a la Historia de las artes marciales.
Para saber más (y mejor):
*B.Casado y allii: Tendencias historiográficas actuales, (U.N.E.D.)
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