19 de octubre de 2008

El Neolítico precerámico: Neolítico, pero sin cerámica.

Las primeras transformaciones que desde el mesolítico llevaron hacia economías Neolíticas, plenamente productoras de alimentos, se detectan por primera vez hacia 8.500 a.C..
Sus rastros arqueológicos los encontramos en unos pocos yacimientos de Oriente Medio, distantes entre sí, lo cual no implica necesariamente incomunicados, ya que el comercio a larga distancia está plenamente documentado para este periodo.
A este horizonte cultural, se le conoce como Neolítico Precerámico.

Los hombres y las mujeres que habitaron estos poblados pioneros, diseminados en tres zonas: Levante, Mesopotamia y Anatolia, del denominado Creciente Fértil, término acuñado por el arqueólogo J.H. Breasted, para definir el área geográfica que desde Egipto hasta Mesopotamia, es considerada la cuna de la Revolución Neolítica, tomaron soluciones distintas a la hora de encarar el problema diario de la supervivencia en sus entornos respectivos.
Todos estos enclaves presentan características comunes, como son el estar ubicados en zonas aluviales con abundante agua disponible (lo cual ofrece tierras fértiles y bien regadas) y surgir sobre substratos culturales anteriores en los que se documentan experiencias de agricultura predoméstica, sobre todo con cereales.

Sin embargo, su característica común más llamativa, para nosotros que 10.000 años después tratamos de definirlos y conocerlos, es que todos estos tempranos poblados sedentarios, practicaban la agricultura, aunque previamente a disponer de útiles de cerámica. Y esto no es ninguna tontería ya que las humildes vasijas de cerámica, cumplen diversas funciones, en cuanto al consumo, el traslado y sobre todo el almacenamiento de los excedentes alimenticios que la agricultura produce.
Por ello, comúnmente se considera la existencia de cerámica como uno de los rasgos característicos de las sociedades neolíticas: “sin cerámica no hay neolítico”, aunque a decir verdad lo que único que definiría esencialmente a una sociedad como neolítica es su capacidad para producir alimentos.

El Neolítico es una opción, una opción económica: aldeas como Jericó, Mureybet o Beidha en Levante, Zawi Chemi en Iraq, o Çayönu en Anatolia, fueron contemporáneas de otros poblados de su entorno que mantuvieron durante más largo tiempo la economía paleolítica.
¿Por qué?, probablemente se debió a que la agricultura y la ganadería incipientes, en las fases iniciales, no representaban una ventaja económica respecto a la caza y recolección.
Seguramente comenzaron como un complemento de seguridad al que recurrir en caso de que las actividades cinegéticas habituales sufrieran altibajos y poco a poco las comunidades humanas pasarían a depender de aquellas como medio de subsistencia principal.
De este modo pudo consolidarse el nuevo modelo económico y cultural, quizás en paralelo con cambios climáticos que pudieron afectar a las especies que cazaban, y a las plantas cuyos frutos eran recolectados por aquellos paisajes.

Pero hablábamos de cerámica, de la ausencia de cerámica, ¿cómo se supone que se las arreglaban? En primer lugar se supone que seguirían utilizando los envases de mimbres y pieles, seguramente heredados de sus antepasados de las culturas mesolíticas, natufienses y kebarienses, de los cuales no habrían quedado prácticamente restos para los arqueólogos, pero sobre todo, estas primeras culturas neolíticas desarrollaron para sus nuevos propósitos, envases de piedra pulimentada, y esto sí que es uno de los factores definitorios de la nueva cultura: no en vano la palabra Neolítico no significa otra cosas que “nueva piedra”.
Hacia el 6.000 a.C. aparecen ya los primeros objetos de cerámica, que acapararían las aplicaciones propias de los envases, útiles de cocina, silos de almacenamiento... La contundente piedra pulimentada seguiría empleándose para las hachas, los aperos de labranza, las armas con las cuales dirimir los conflictos por los pastos y los campos, en espera del desarrollo de la metalurgia.
En ese momento en Oriente Medio, la Revolución Neolítica se haya plenamente consolidada y lista para emprender un largo viaje de exploración y colonización, que llevaría a la humanidad a transformar irreversiblemente el planeta.

Para saber más (y mejor):
*Los orígenes de la civilización (Ed. Crítica) Ch. L. Redman

1 comentario:

Anónimo dijo...

Muy interesante, aunque me hubiese gustado una mención de las culturas del Sahara de esa misma época, que, curiosamente, tubieron cerámica.... antes de prácticar la agricultura o la ramaderia!